Nuestro cuerpo sufre variaciones a lo largo de los años. La composición corporal se adapta a las circunstancias de cada momento de nuestra vida.

 

        Estamos diseñados genéticamente desde la prehistoria para acumular energía en épocas de bonanza y poder utilizarla en épocas de "vacas flacas". 

 

 

        Y aquí está nuestra lucha diaria para no dejar que esas reservas "abulten" y para no convertir la báscula en nuestro peor enemigo. Tenemos a nuestra disposición mucha información sobre dietas "milagrosas", aparatos "todavía más milagrosos", pastillas "quemagrasas", etc. Mejor dicho, tenemos "demasiada información" que, más que ayudarnos, lo único que consigue es confundirnos y engañarnos con la promesa de hacernos lograr nuestro objetivo sin ningún esfuerzo.

 

        Creo que una información veraz, contrastada y documentada científicamente es la mejor manera de no caer en la trampa y evitarnos un gasto innecesario, ¡que no están los tiempos para tirar el dinero!.