No te pases con la sal

        Vigila el consumo de sal. Su ingesta en exceso aumenta la tensión arterial y provoca retención de líquidos. Es posible que al principio te cueste acostumbrarte a tomar menos sal, pero si usas otros condimentos como: pimienta, especias, hierbas aromáticas, ajo, limón, mostaza o vinagre, podrás seguir disfrutando de tus platos más sabrosos.

Energía en tu dieta

        Nuestra principal fuente de energía son los Hidratos de Carbono (pan, arroz, pasta, patatas, legumbres, frutas y verduras). Estos alimentos son especialmente importantes si realizas ejercicio físico. Las verduras y frutas deben tomarse a diario. Es aconsejable que incluyas legumbres como las lentejas, alubias, guisantes, garbanzos o habas, al menos dos veces por semana, además de energía contienen una buena proporción de proteínas. 

Bebe mucha agua

        Es imprescindible mantenerse siempre bien hidratado. Debes tomar una media de dos litros de agua al día y nunca esperes a tener sed. Cuando la sensación aparece, significa que la carencia de agua en tu organismo es importante. Este hábito es fundamental cuando hagas cualquier ejercicio físico.

Toma fruta y verdura

        El consumo de frutas y verduras ofrece múltiples beneficios a tu organismo por su alto contenido de vitaminas, minerales y fibra. Su ingesta proporciona energía y volumen a la alimentación, por lo tanto, aumenta la sensación de saciedad y ayuda a combatir el estreñimiento. Por ello, se recomienda que a lo largo del día comas cinco raciones, de las cuales, al menos una, debería ser cruda.

No abuses de los fritos

        A la plancha, brasa, vapor, hervido, microondas, “papillote” u horno son los modos de cocción culinarias más convenientes. Los alimentos fritos o cocinados con aceite, experimentan un alto incremento de su materia grasa. Esto no significa que tengas que abandonar el placer de comer alimentos fritos empanados y cocciones muy elaboradas. Simplemente, no los comas con frecuencia.